Urueña, villa del libro: la muralla que guarda librerías
Urueña (Valladolid), Villa del Libro desde 2007: 200 vecinos, una decena de librerías y una muralla medieval del siglo XII que se recorre por el adarve.
Desde el adarve de Urueña, la llanura de Tierra de Campos se abre hacia el norte como un mar de barbecho y rastrojo sin una sola ola. Esta villa amurallada de la provincia de Valladolid, asomada al borde del páramo de los Montes Torozos, es desde 2007 la primera Villa del Libro de España: unos doscientos vecinos, alrededor de una decena de librerías y una cerca medieval que todavía se puede recorrer por arriba. Es un pueblo donde, para comprar un libro, primero hay que cruzar una puerta medieval.
La paradoja salta a la vista en cuanto se llega. La muralla se levantó para que nadie entrara sin permiso; ochocientos años después, el pueblo vive de convencer a los forasteros de que entren, se queden una tarde y salgan con algo de papel bajo el brazo.

Una villa en la raya de dos reinos
El emplazamiento lo explica casi todo. Urueña ocupa un espolón del páramo, una de esas mesetas calizas que en Castilla se alzan como escalones sobre la tierra baja, y desde su borde se domina la campiña en todas direcciones. En el siglo XII ese balcón valía más que cualquier cosecha. Formaba parte del infantazgo de Valladolid —el patrimonio que los reyes reservaban para sostener a las infantas solteras—, que Alfonso VII había asignado a su hermana Sancha Raimúndez.
La muerte del emperador en 1157 partió en dos su herencia: Castilla para su hijo Sancho III, León para Fernando II. Urueña quedó exactamente en la costura. Fernando II la ocupó hacia 1159, los castellanos la recuperaron en 1181 y, en las treguas de aquellas décadas entre el rey leonés y Alfonso VIII, la villa se ciñó de piedra. Lo que hoy pisamos es, sobre todo, obra de esa frontera móvil de finales del siglo XII, cuando un cerro con buena vista era una frase en un tratado.
Pasada la urgencia militar, Urueña cambió de dueños como cambian de mano las fincas. En el siglo XV Juan II la entregó a Pedro Girón, maestre de Calatrava, y con los Girón —luego duques de Osuna— entró en la órbita de uno de los grandes linajes señoriales de Castilla.
Piedra del páramo, puertas de mercado
La cerca está hecha del mismo suelo que la sostiene: mampostería, es decir, piedra caliza apenas desbastada y trabada con mortero, sin la regularidad del sillar labrado. Es una arquitectura de oficio, no de lujo. Cubos semicirculares y torres alternan a lo largo del lienzo, y la muralla arranca y termina en el castillo, que ocupa un extremo del recinto con su planta cuadrangular, sus torres en las esquinas y un torreón que la tradición local asocia con la reina Urraca.
Se conservan dos accesos. La Puerta del Azogue, flanqueada por torres, recuerda en su nombre un mercado: azogue viene del árabe as-sūq, la plaza donde se compra y se vende. La Puerta de la Villa, al sur, se abre con un arco apuntado. Entre ambas, la villa conserva la mayor parte de su perímetro, y varios tramos del adarve, el camino de ronda que corre sobre el muro, siguen siendo transitables. Pocas experiencias castellanas igualan la de caminar por él al atardecer, con el viento del norte subiendo desde la llanura.

El fuego, la cal y el éxodo
El declive de Urueña tiene una fecha concreta y una lenta. La concreta es 1876, cuando un incendio arrasó más de la mitad del caserío. Para reconstruirlo, los vecinos hicieron lo que se ha hecho siempre con las fortalezas que han perdido su función: usarlas de cantera. Parte de la piedra del castillo acabó en las casas nuevas, y el recinto, vaciado de sentido militar, encontró en el siglo XIX un destino inesperado que mantiene hoy: es el cementerio municipal. Pocas metáforas son tan exactas como la de una fortaleza que termina guardando muertos.
La fecha lenta es la del siglo XX. Urueña alcanzó su máximo de población en 1930, con 916 habitantes según los padrones históricos. Después vino lo que vino en toda la meseta: la mecanización del campo, la emigración a Valladolid, a Madrid, a Bilbao. Hoy el padrón ronda los doscientos. La villa había conservado la muralla, pero se estaba quedando sin nadie que viviera dentro de ella.
Un pueblo que decidió leer
La recuperación empezó por la piedra. La declaración del conjunto como histórico-artístico, en la década de 1970, abrió una etapa de restauraciones progresivas de la cerca, que alcanzó al castillo ya en este siglo. Pero la piedra sola no repuebla. Lo que cambió el destino de Urueña fueron dos decisiones culturales tomadas desde fuera y asumidas desde dentro.
La primera llegó en marzo de 1991, cuando abrió el Centro Etnográfico Joaquín Díaz en la Casona de la Mayorazga, un caserón concluido en 1716 que había adquirido la Diputación de Valladolid. El folclorista trasladó allí sus colecciones —grabados de indumentaria, pliegos de cordel, instrumentos, una fonoteca y una biblioteca—, y en 1994 el proyecto se convirtió en fundación. Urueña empezó a ser un sitio al que se iba a buscar algo que no estaba en ningún otro sitio.
La segunda fue la Villa del Libro, que la Diputación puso en marcha en 2007 siguiendo un modelo europeo con nombres propios: Hay-on-Wye, en Gales, donde el librero Richard Booth llegó a proclamar el 1 de abril de 1977 un «reino independiente» de los libros, y Redu, en Bélgica. La fórmula era sencilla y audaz: la institución provincial ofrecía locales a quienes quisieran abrir librerías, preferentemente de libro antiguo, raro, de viejo o descatalogado, junto con talleres de encuadernación y caligrafía. El número de establecimientos ha oscilado con los años entre nueve y doce, cada uno con su especialidad: cine, viajes, cuento infantil, naturaleza, mundo rural.
Los resultados se miden en visitantes más que en vecinos: más de 25.000 al año, según los datos difundidos en 2023, cuando el Gremi d’Editors de Catalunya concedió el premio Atlàntida, en la 38.ª Nit de l’Edició, a Urueña y a Calonge i Sant Antoni, el pueblo del libro gerundense, como reconocimiento a su defensa de la lectura.

La visita
Urueña está a unos cincuenta minutos de Valladolid. Lo habitual es salir por la A-62 hasta Tordesillas y continuar por la A-6 en dirección a Benavente hasta el desvío señalizado hacia la villa; la última subida al páramo ya anuncia el perfil amurallado. Hay aparcamiento a la entrada: dentro del recinto conviene caminar.
- Centro e-LEA Miguel Delibes: de octubre a diciembre abre de martes a sábado de 10:30 a 14:00 y de 16:30 a 18:00, y domingos y festivos de 10:30 a 15:00; en primavera y verano amplía la tarde hasta las 20:00. La entrada general cuesta 2 euros.
- Muralla y adarve: varios tramos se recorren por libre. La mejor hora es la última de la tarde, con la luz rasante sobre Tierra de Campos.
- Fundación Joaquín Díaz: museo etnográfico y de pliegos en la Casona de la Mayorazga; conviene consultar su horario antes de ir.
- Ermita de la Anunciada: al pie de la cuesta, ya en el llano; conviene consultar antes si está abierta por dentro.
- Librerías: repartidas por todo el recinto; merece la pena reservarles una tarde entera y recorrerlas sin prisa.
Para completar la jornada, Tordesillas y su Real Monasterio de Santa Clara quedan a media hora, igual que Medina de Rioseco y sus iglesias de la Tierra de Campos. Y quien quiera cerrar el día con historia dura tiene Villalar, el campo de la derrota comunera, a menos de una hora por carreteras secundarias.
Lo que protege una muralla
Durante siglos, la pregunta de qué hacer con una villa amurallada tuvo dos respuestas: dejarla caer o convertirla en postal. Urueña ha ensayado una tercera, más difícil y más interesante, que consiste en darle una función nueva sin fingir que es la antigua. Las librerías de viejo y la muralla tienen, en el fondo, el mismo oficio: guardar lo que el tiempo amenaza con dispersar. Una cerca de mampostería y un estante de libros descatalogados son, cada uno a su escala, defensas contra el olvido.
Nada de esto ha devuelto a Urueña los novecientos vecinos de 1930, y sería ingenuo pedírselo. Pero el pueblo ha demostrado algo que vale para toda la Castilla que se vacía: que el patrimonio no se salva solo con andamios, sino cuando alguien encuentra una razón para cruzar la puerta. Aquí la razón cabe en un bolsillo y pesa poco. Es un libro.
También en el cuaderno:
- Andrajos y hojas verdes: la Castilla que escribieron Machado y Delibes
- Villalar: la media hora de barro en la que Castilla perdió su revolución
- La Mota: la fortaleza hecha para la pólvora que perdió a su preso por una cuerda
Fuentes
- Fundación Joaquín Díaz, «Urueña»: historia de la villa, la parroquia, la ermita de la Anunciada y la Casona de la Mayorazga (funjdiaz.net).
- Fundación Joaquín Díaz y Centro Etnográfico Joaquín Díaz: inauguración en Urueña (marzo de 1991) y constitución de la fundación (1994).
- Junta de Castilla y León, Directorio cultural: ficha del Centro de Interpretación Villa del Libro de Urueña.
- Diputación de Valladolid (Valladolid Avanza), ficha «Villa del Libro»: origen del proyecto (2007), Centro e-LEA Miguel Delibes, horarios y tarifas.
- Asociación Española de Amigos de los Castillos, inventario castillosdeespaña.es: ficha «Muralla de Urueña».
- Tribuna Valladolid, «Castillos que hablan (VI): Urueña, la fortaleza que cobija el cementerio».
- Publishnews, «Los municipios de Urueña y Calonge i Sant Antoni serán protagonistas de la 38.ª Nit de l’Edició» (2023).
- Series históricas de población del INE (padrones y censos, 1900-2025).
- The London Magazine, «The King of Hay-on-Wye» (2019), sobre Richard Booth.
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- Miguel Delibes, Castilla, lo castellano y los castellanos
- Miguel Delibes, Viejas historias de Castilla la Vieja (Áncora & Delfín)
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