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Los claros de Chinchón: 234 balcones que no son de la casa que los sostiene

Fecha 3 de septiembre de 2026
Lectura 10 min de lectura
Sección Pueblos y ciudades
Autoría En el Campo Amarillo

En la Plaza Mayor de Chinchón el dueño del balcón no suele ser el dueño de la vivienda que hay detrás: 234 claros de madera unidos a las casas por una servidumbre de paso que solo se activa en los festejos. Esa propiedad fragmentada es lo que ha mantenido la plaza en pie.

Plaza Mayor de Chinchón (Madrid)

El dueño del balcón no es el dueño de la casa. En cualquier otro pueblo esa frase sería un error del registro de la propiedad. En Chinchón es la explicación de por qué la Plaza Mayor sigue en pie con la forma exacta que tenía hace tres siglos: doscientos treinta y cuatro balcones de madera verde, repartidos en tres alturas alrededor de un recinto irregular, que pertenecen a personas que muchas veces no viven detrás de ellos y que solo tienen derecho a asomarse unos pocos días al año.

La Plaza Mayor de Chinchón, con sus tres niveles de galerías de madera verde sobre los soportales
La Plaza Mayor de Chinchón, con los tres niveles de galerías de madera montados sobre los soportales.

Una plaza que nadie llegó a proyectar

Conviene empezar por lo que Chinchón no es. No es una plaza mayor de las que se trazan de una vez, con un arquitecto detrás y una cuadrícula sobre el papel, como la de Valladolid tras el incendio de 1561 o la de Madrid bajo los Austrias. La de Chinchón es lo contrario: un espacio que fue quedando entre las casas, en la vaguada que baja desde el castillo hacia la campiña del sureste madrileño, y que solo mucho después alguien decidió considerar una plaza. De ahí su planta irregular, sin un solo ángulo recto que merezca ese nombre, y de ahí también que el conjunto se lea como una acumulación de decisiones pequeñas y no como una idea.

La villa había pasado en 1480 a los marqueses de Moya por merced de los Reyes Católicos, y en 1520 Carlos I la elevó a condado. Ese es el marco de poder en el que aparece el primer dato duro de la plaza: en 1499, siguiendo el mandato de los Reyes Católicos de que todos los municipios tuvieran casa de concejo, el ayuntamiento de Chinchón compró varios edificios de la plaza para instalar allí sus reuniones. La plaza, hasta entonces, era el mercado. A partir de ese momento es también la sede del poder local, y las dos cosas conviven en el mismo suelo.

El año en que la plaza se cerró

Las primeras casas con soportales y balcones se levantan en el siglo XV, pero el recinto tarda casi doscientos años en cerrarse del todo. La fecha que da el propio ayuntamiento es 1683: ese año la plaza queda completamente cercada por la edificación, dejando solo los huecos indispensables para que pasaran las procesiones y los carros. Lo que hasta entonces era un vacío entre casas se convierte en un recinto, es decir, en un contenedor. Y un contenedor se puede llenar de gente y cobrar por ello.

El paso siguiente llega en 1713, cuando se autoriza a los vecinos a levantar galerías y balconadas sobre los soportales, precisamente para los espectáculos. La solución constructiva es de una sencillez casi rústica y explica el aspecto del conjunto: tres pisos de galerías adinteladas —esto es, cubiertas con vigas horizontales y no con arcos— sostenidas por pies derechos, que son los postes verticales de madera, rematados por zapatas, las piezas cortas y horizontales que se colocan sobre cada poste para repartir la carga de la viga y acortar su luz. Nada de piedra labrada, nada de arquerías. Madera sobre unos bajos de fábrica, y la madera pintada.

Doscientos treinta y cuatro derechos de paso

En Chinchón a cada uno de esos balcones se le llama claro, y hay doscientos treinta y cuatro repartidos en los tres niveles. La palabra ya avisa de que no estamos ante un balcón corriente: un claro no es tanto un elemento de la casa como un hueco desde el que se mira. Y aquí está la rareza jurídica que sostiene todo lo demás.

Como las casas de la plaza y las balconadas no se construyeron al mismo tiempo ni por los mismos vecinos, la propiedad se separó. El dueño del claro y el dueño de la vivienda que hay detrás pueden ser, y con frecuencia son, personas distintas. Lo que une a uno con otro es una servidumbre de paso: el propietario del balcón tiene derecho a atravesar la casa ajena para llegar hasta él, pero solo en las fechas señaladas, que son las de los festejos taurinos del verano y las celebraciones de Semana Santa. El resto del año, ese derecho duerme.

Es un arreglo que suena a anomalía y es exactamente lo contrario: es el mecanismo que ha mantenido la plaza intacta. Doscientos treinta y cuatro personas con un interés patrimonial concreto en que las galerías sigan ahí, en que la madera se pinte y en que nadie cierre un hueco, pesan mucho más que cualquier ordenanza. La conservación no la garantiza aquí una ley de patrimonio, sino un reparto de propiedad tan menudo que ninguna reforma unilateral es posible.

Vista de la Plaza Mayor de Chinchón con los claros de madera y los soportales
Los claros, los balcones de madera desde los que se ve el festejo, se reparten en tres alturas alrededor de todo el recinto.

Cuando el pueblo entero se convierte en coso

La vocación de graderío viene de lejos. El primer festejo taurino documentado en la plaza se celebró el 16 de septiembre de 1502, en honor de Felipe el Hermoso, y desde entonces la tradición no se ha interrumpido. Pero los toros son solo uno de los usos. Por ese mismo suelo pasaron fiestas reales, proclamaciones, juegos de cañas —el torneo ecuestre de origen andalusí en el que dos cuadrillas se arrojaban varas—, funciones de comedias, autos religiosos, desfiles militares y también ejecuciones. La plaza servía para todo porque no estaba pensada para nada en concreto.

Esa polivalencia sigue viva. La Pasión Viviente que se representa el Sábado Santo está considerada por el propio gobierno regional la más antigua y conocida de la Comunidad de Madrid, y el cine descubrió el decorado hace tiempo: aquí rodó Orson Welles parte de Campanadas a medianoche, y por aquí pasó también La vuelta al mundo en 80 días. Cuando una plaza aparece en pantalla haciendo de plaza de toros española genérica, lo más probable es que sea esta.

El azul que perdió la votación

El reconocimiento oficial llegó en 1974, cuando el casco de Chinchón fue declarado conjunto histórico-artístico. Para entonces la plaza ya había pasado por una reforma general en 1967, y volvería a pasar por otra entre 2007 y 2008, esta vez con el acento puesto en la seguridad de unas balconadas que soportan público de pie durante horas.

De aquellos trabajos salió el dato que mejor retrata la relación del pueblo con su plaza. Al rascar la madera apareció que en el siglo XVII los claros no habían sido verdes, sino azules. Se planteó devolverlos a su color original y, en 1992, la decisión se sometió a consulta vecinal. Ganó el verde. Es una respuesta que a un restaurador ortodoxo le duele y que sin embargo tiene toda la lógica: el vecindario no estaba votando sobre el siglo XVII, estaba votando sobre la plaza que conoce, la que sale en las fotos de sus abuelos. Optaron por conservar la memoria reciente antes que recuperar la remota. En 2008 esa plaza verde fue elegida cuarta maravilla de la Comunidad de Madrid.

La visita

Chinchón está a unos 45 kilómetros al sureste de Madrid, tres cuartos de hora largos en coche por la A-3 o por la A-4 según de qué punto se salga, y tiene conexión directa en autobús con la capital mediante las líneas 337 y 430. El municipio ronda los 5.800 habitantes, de modo que se recorre entero a pie en una mañana.

Lo que no conviene perderse está a pocos metros de los soportales. La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, cuyas obras se prolongaron entre 1534 y 1626 y que por eso mezcla gótico, plateresco, renacimiento y barroco, guarda en el altar mayor La Asunción de la Virgen, un óleo de 311 por 240 centímetros que Francisco de Goya pintó en 1812 por encargo de su hermano Camilo, capellán de la parroquia. El cuadro salió de aquí en enero de 1937, viajó con las colecciones del Prado hasta Ginebra y volvió en 1939; entre 2004 y 2007 estuvo de nuevo en el Prado mientras se restauraba el templo. Cerca quedan la Torre del Reloj, único resto de la iglesia de Nuestra Señora de Gracia que arrasó la Guerra de la Independencia; el Teatro Lope de Vega, levantado en 1891 sobre el solar del palacio de los condes; el convento de las Clarisas, fundado en 1653 por los quintos condes de Chinchón, donde las monjas siguen vendiendo dulces; y el antiguo monasterio de agustinos del siglo XVII, hoy Parador de Turismo.

Para completar el día, lo que pide el viaje es cruzar a Colmenar de Oreja, a un cuarto de hora, cuya plaza mayor porticada es la otra gran plaza de la comarca y permite comparar dos soluciones distintas al mismo problema. Y si se quiere cerrar el círculo, Aranjuez está ahí al lado, con el contraste absoluto: la plaza que crece sola frente al conjunto proyectado por la Corona.

Lo que sostiene una plaza

Solemos contar la conservación del patrimonio como una historia de instituciones: una declaración, un expediente, una subvención, un andamio. Chinchón cuenta otra cosa. Aquí lo que ha impedido que las galerías desaparecieran no fue la declaración de 1974, que llegó cuando el conjunto ya estaba salvado, sino una estructura de propiedad tan fragmentada que convirtió a doscientos treinta y cuatro vecinos en copropietarios de un mismo espectáculo. Nadie podía cerrar su hueco sin quitarle valor al del vecino. Nadie podía dejar pudrir su madera sin que se notara desde el otro lado del recinto.

Es una lección incómoda para buena parte del patrimonio castellano, que hoy se cae precisamente por lo contrario: porque nadie tiene ya un interés concreto en que siga en pie. Las iglesias rurales sin parroquianos, los palacios sin dueño localizable, los monasterios desamortizados que pasaron a manos de quien no sabía qué hacer con ellos. Lo que mantiene un edificio no es solo el dinero que se le echa encima, es el número de personas a las que les importa que exista mañana. En Chinchón esa cifra se puede contar. Son doscientos treinta y cuatro.

También en el cuaderno:

Fuentes

  • Edificios histórico-artísticos y Edificios religiosos, web turística oficial del Ayuntamiento de Chinchón, para la compra municipal de 1499, el cierre de la plaza en 1683, la iglesia de la Asunción y el convento de las Clarisas.
  • Ficha de Chinchón, Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, para la declaración de conjunto histórico-artístico de 1974.
  • Ficha de la Plaza Mayor de Chinchón, MonumentalNet, para la descripción constructiva de las galerías adinteladas y el recuento de los claros.
  • «Claros de Chinchón: como Pedro por su balcón», Callejeando, Telemadrid, 4 de agosto de 2022, para la separación de propiedad entre balcón y vivienda, la servidumbre de paso y la consulta de 1992.
  • «Plaza Mayor de Chinchón (España, 1502)», Tauroarte, para el festejo del 16 de septiembre de 1502 y la autorización de balconadas de 1713.
  • Ficha de La Asunción de la Virgen, Fundación Goya en Aragón, para la fecha, las medidas, el encargo de Camilo Goya y el periplo del cuadro entre 1937 y 1939.
  • Chinchón: qué ver y hacer, web oficial de turismo de la Comunidad de Madrid, para accesos por carretera, líneas de autobús y la Pasión Viviente.
  • Voces «Chinchón» y «Plaza Mayor de Chinchón» en Wikipedia en español, consultadas en septiembre de 2026, como punto de partida para el recuento de claros, la cronología general y los datos de población.

También en la biblioteca: para seguir paseando por plazas mayores, arquitectura popular y pueblos históricos de Castilla y Madrid, puedes continuar con estos libros:

  • Chinchón. Biblioteca de la provincia de Madrid: crónica de sus pueblos, Simón Viñas y Rey (Editorial Maxtor)
  • Pueblos y paisajes de Madrid. Guía turística de la Comunidad de Madrid, Javier Leralta (Ediciones La Librería)
  • Arquitectura popular de Castilla y León, Juan Manuel Báez Mezquita (Ediciones Universidad de Valladolid)

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Este cuaderno continúa en el archivo: patrimonio, historia, arte y memoria castellana para leer con calma.

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Comentarios
  1. La Plaza Mayor de Tembleque: cuando la arquitectura popular resuelve la vida - En el Campo Amarillo
    24 de septiembre de 2026

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