Ermita de la Anunciada de Urueña: Cataluña en el páramo
Ermita de la Anunciada, Urueña (Valladolid): iglesia de románico lombardo de hacia 1100, con cúpula sobre trompas y un monasterio mozárabe citado en 954.
El páramo de Montes Torozos se corta de golpe al sur de Urueña, y en el fondo del vallejo que se abre a unos dos kilómetros de sus murallas asoma una iglesia pequeña y rotunda, de piedra color de pan, con un cimborrio octogonal que no parece de aquí. No lo es del todo. La ermita de Nuestra Señora de la Anunciada, en Urueña (Valladolid), es una iglesia de románico lombardo levantada hacia 1100 —en los últimos años del siglo XI o, según la datación más aceptada, en los primeros del XII— con una fórmula que los historiadores llevan casi un siglo describiendo como una anomalía: arquillos ciegos y bandas verticales de piedra, el vocabulario de los Pirineos catalanes trasplantado a la Tierra de Campos.
En Castilla, a finales del siglo XI, lo normal era mirar hacia Frómista, Jaca y los caminos que llegaban de Francia. La Anunciada miró hacia el otro lado.

Un monasterio con papeles mozárabes
Antes de la ermita hubo un monasterio, y antes del románico hubo otra cosa. El lugar aparece por primera vez en la documentación en 954, cuando el magnate Piloti Gebuldiz, nieto de Olimundo, donó el cenobio de San Pedro de Cubillas «y sus bienes» al monasterio de San Martín de Valdepueblo, junto a Mayorga. La fórmula indica que allí había ya una comunidad asentada. En 1013 varios presbíteros entregaron sus propiedades en Villazahid al abad Servando y a su prepósito Habzón, un nombre de raíz árabe que retrata bien aquella repoblación del Duero hecha con monjes cristianos llegados del sur, los mozárabes, que traían consigo la liturgia, los arcos de herradura y los nombres de al-Ándalus.
De esa primera fase quizá quede algo a la vista. En el muro norte de la iglesia actual se aprecia un aparejo de soga y tizón —sillares colocados alternando la cara larga y la corta, como ladrillos— que la Enciclopedia del Románico relaciona con materiales anteriores, posiblemente mozárabes. A finales del siglo XI el monasterio había entrado en la órbita del Infantado de Valladolid, el patrimonio que la monarquía leonesa reservaba a sus infantas solteras: en 1095 la infanta Elvira le concedió heredades.
Canteros del otro lado de la península
Nadie firmó la obra. No hay maestro de cantería documentado ni fecha de consagración, y la cronología hay que leerla en la piedra. Los primeros en estudiarla con detalle, M. Ibáñez y A. Represa, en 1940, la situaron a finales del XI o principios del XII y la emparentaron con San Pelayo de Perazancas y San Martín de Frómista, sin dejar de advertir un aire pirenaico. Fue Felipe Heras García quien, en 1966, fijó la lectura que hoy se sigue aceptando: nada de Frómista, sino influencia directa del románico catalán de la segunda mitad del siglo XI, con precedentes concretos en tres iglesias monásticas de la actual provincia de Barcelona —Sant Llorenç del Munt, Sant Ponç de Corbera y Sant Jaume de Frontanyà— y una datación en los primeros años del siglo XII.

La tradición local tiene su propia protagonista: la infanta doña Sancha, hermana del emperador Alfonso VII, que en 1154-1155 se hizo con Urueña y a la que se atribuye su repoblación definitiva. Muchos textos le adjudican la construcción de la iglesia, pero los documentos la presentan en otro papel, el de dueña que lega y no el de promotora que edifica: doña Sancha dejó el templo en su testamento a don Pedro, obispo de Segovia. La piedra y el pergamino cuentan, otra vez, historias distintas.
Dieciséis metros de piedra sin una sola escultura
La Anunciada es pequeña: unos 16 metros de largo por 14,5 de ancho. Es una planta basilical de tres naves de dos tramos, con la central bastante más alta y ancha que las laterales, un crucero que no sobresale en planta y una cabecera de tres ábsides semicirculares escalonados. Las naves se cubren con bóveda de cañón reforzada por arcos fajones —los arcos transversales que, como costillas, sostienen y reparten el empuje—, los ábsides con bóveda de cuarto de esfera y el crucero con una cúpula que pasa del cuadrado al octógono mediante trompas, esas pequeñas bóvedas cónicas encajadas en las esquinas del crucero. Por fuera, esa cúpula se traduce en el cimborrio octogonal que se ve desde la carretera.
Lo que delata el origen es el exterior. Los paramentos de ábsides y crucero se articulan con lesenas —pilastras planas, sin basa ni capitel, que resaltan apenas unos centímetros del muro— unidas en lo alto por series de arquillos ciegos, pequeños arcos que no abren ningún vano y cuelgan bajo el alero como un encaje de piedra. Es la firma del primer románico, el que se había formado en el norte de Italia y Cataluña en el siglo XI. Todo está hecho en sillarejo, piedra caliza del páramo apenas desbastada, porosa y clara, que al atardecer se vuelve dorada.

De monasterio a ermita
La comunidad duró poco en el edificio nuevo. Urueña quedó en la raya entre León y Castilla, y cuando la guerra hizo pasar el territorio a manos de Fernando II de León, el rey donó en 1163 la iglesia y sus bienes al obispo de Palencia. En 1228, Alfonso IX ordenaba que siempre hubiese en ella «capellán y monaguillo» y le asignaba rentas para su mantenimiento: ni rastro de monjes. El monasterio se había quedado en templo con capellán.
El cambio de nombre llegó en 1677. Antonio de Isla y Mena, obispo de Osma entre 1672 y 1681 y natural de Urueña, mandó trasladar a la vieja iglesia la imagen de Nuestra Señora de la Anunciada, una talla del siglo XIII, y con ella San Pedro de Cubillas pasó a ser ermita. Aquel siglo le añadió una espadaña, abrió una sacristía en el brazo sur del crucero, cambió las cornisas, enlució el interior y rehízo la cúpula y las trompas occidentales. A comienzos del XVIII se levantó detrás del ábside central un camarín de planta cuadrada para la Virgen, y en la fachada oeste se adosó un pórtico. Cada reforma tapaba un poco más la iglesia lombarda.
Restaurar quitando
El reconocimiento oficial llegó unido al pueblo: por decreto de 7 de noviembre de 1975, Urueña y la Anunciada fueron declaradas conjunto histórico-artístico, protección que la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985 convirtió en Bien de Interés Cultural. La restauración del siglo XX trabajó sobre todo restando: se picaron los enlucidos interiores, se eliminó el coro alto de los pies y se desmontó el pórtico occidental. El camarín barroco y la espadaña se quedaron, como testigos de la devoción que mantuvo el edificio en pie cuando ya nadie sabía de dónde habían venido sus canteros.
Es una paradoja frecuente en el patrimonio castellano y aquí se ve con especial claridad: la iglesia sobrevivió porque la convirtieron en otra cosa, y hoy la valoramos por lo que quedó debajo de esa otra cosa.

La ermita está a unos dos kilómetros al sur del casco amurallado, junto a la carretera VP-5606, que la deja a la izquierda poco antes de subir al pueblo. Desde Valladolid hay unos 60 kilómetros: autovía A-62 hasta Tordesillas y, desde allí, A-6 en dirección a A Coruña hasta el desvío de Urueña. El interior solo se enseña en visita guiada, con reserva previa en la Oficina de Turismo de Urueña (Plaza Mayor, 1; teléfono 983 717 445). La visita se hace a mediodía —las fuentes turísticas la sitúan a las 12:45, de martes a domingo— y cuesta unos pocos euros; conviene llamar antes, porque el portal de turismo de la Junta advierte de cierres temporales.
Merece la pena verla por fuera antes y después de entrar: el cimborrio y los ábsides con sus arquillos son lo esencial, y la luz de última hora de la tarde los recorta mejor que ninguna. Para completar el día, arriba espera Urueña, con su muralla del siglo XII, que puede recorrerse, sus librerías de villa del libro y el Centro Etnográfico Joaquín Díaz. A pocos kilómetros, San Cebrián de Mazote guarda una de las grandes iglesias mozárabes de la provincia: con ella al lado se entiende mejor de qué mundo venía San Pedro de Cubillas antes de que llegaran los canteros del este.
Las ideas viajan en comitiva
Solemos contar la historia del arte como una sucesión ordenada de estilos que avanzan por el mapa igual que una marea. La Anunciada desmiente esa imagen. Aquí el románico no llegó por evolución ni por moda, sino como llegan casi siempre las cosas: con personas concretas, siguiendo una boda, un séquito, un encargo. Un linaje de Valladolid emparentó con un condado pirenaico, y durante unos años una forma de construir cruzó la península y se posó en un vallejo del páramo, donde nadie la volvió a repetir. La piedra es un archivo de alianzas tanto como de devociones, y a veces el documento más fiable de un matrimonio de hace nueve siglos es una fila de arquillos bajo un alero.
También en el cuaderno:
- San Miguel de Escalada: el monasterio que los monjes de Córdoba construyeron en doce meses
- La catedral de Zamora: veintitrés años y una cúpula de escamas
- Villalar: la media hora de barro en la que Castilla perdió su revolución
Fuentes
- García Guinea, Miguel Ángel (dir.), Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Valladolid, Fundación Santa María la Real, Aguilar de Campoo, 2002, entrada «Urueña» (disponible en Románico Digital).
- Ibáñez, M. y Represa, A., «El románico en Castilla: la iglesia de Nuestra Señora de la Anunciada, en Urueña», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología (Universidad de Valladolid), 1940.
- Heras García, Felipe, Arquitectura románica en la provincia de Valladolid, Valladolid, 1966.
- Yarza Luaces, Joaquín, y Bango Torviso, Isidro G., citados a través de la Enciclopedia del Románico.
- Monestirs de Catalunya, ficha «Monasterio de San Pedro y San Pablo de Cubillas» (monestirs.cat).
- MonumentalNet, ficha «Ermita de Nuestra Señora de la Anunciada» (VA-178000100-URU-ERM-NUE-SRA-ANU).
- Portal de Turismo de Castilla y León, ficha «Ermita de la Virgen de la Anunciada»; portal turístico de la Diputación y web de Valladolid.com sobre Urueña.
- Prensa y divulgación: El Español (sección Historia) y MásCyL sobre la iglesia de la Anunciada.
#publi · Para seguir tirando del hilo del románico vallisoletano, estas son las dos obras de referencia, la extensa y la de bolsillo:
- Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Valladolid (Fundación Santa María la Real, 2002)
- José Luis Hernando Garrido, Todo el Románico de Valladolid (colección Románico guías)
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