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La Majestad de Toro: la portada gótica que todavía conserva su color

Fecha 21 de septiembre de 2026
Lectura 11 min de lectura
Sección Patrimonio
Autoría En el Campo Amarillo

La portada occidental de la colegiata de Toro conserva la policromía que le dio en el siglo XIII un pintor de la casa de Sancho IV. Se salvó porque en el siglo XV alguien decidió ponerle un tejado delante.

Portada de la Majestad de la colegiata de Toro

Seis capas de repinte, la última del siglo XIX, y debajo sigue estando el color del siglo XIII. La portada occidental de la colegiata de Santa María la Mayor de Toro conserva buena parte de la policromía original: el rojo de los mantos, el oro de las coronas, el azul del fondo sobre el que se recortan más de cien figuras. En un país donde la escultura medieval ha llegado casi siempre desnuda —piedra limpia, piedra gris, piedra que nunca fue así—, la Majestad de Toro es la excepción que obliga a reimaginarlo todo. Las catedrales góticas no eran monocromas. Eran esto.

Y si lo sabemos es por una decisión administrativa sin la menor pretensión artística: a comienzos del siglo XV alguien mandó levantar delante de la portada una capilla de planta rectangular que la dejó bajo techo. Seis siglos de lluvia del Duero se han estrellado contra ese muro en vez de contra la piedra pintada. El resto del gótico castellano no tuvo esa suerte.

Fachada principal de la colegiata de Santa María la Mayor de Toro
La colegiata de Santa María la Mayor de Toro, levantada sobre la terraza del Duero. Foto: JnCrlsMG, Wikimedia Commons, CC BY-SA.

Una villa a la que todos vinieron a decidir cosas

Toro se asoma al Duero desde una terraza alta, con la vega a los pies y el viñedo detrás. Esa posición —río navegable en la memoria, camino natural entre León y la meseta del sur, frontera vieja entre reinos— explica por qué una villa de este tamaño acumuló tanta historia por metro cuadrado. Aquí se libró, el 1 de marzo de 1476, la batalla de Toro, aquel choque militarmente indeciso entre los Reyes Católicos y Alfonso V de Portugal que, sin embargo, decidió políticamente la corona de Castilla en favor de Isabel. Y aquí se promulgaron, en 1505, las Leyes de Toro, el cuerpo legal que ordenó durante siglos la herencia, el mayorazgo y el matrimonio castellanos.

La colegiata es anterior a todo eso. Se empezó hacia 1160, bajo el patrocinio de los reyes de León, cuando Toro era una plaza que había que consolidar y una iglesia grande era la manera más duradera de decirlo.

Dos canteras, dos generaciones

El edificio confiesa sus costuras a quien mire el muro desde fuera. La primera fase, entre 1160 y 1188 aproximadamente, levantó la cabecera, las portadas laterales y los muros bajos con una caliza clara, casi gris. La segunda, que se prolongó hasta mediados del siglo XIII y se dio por cerrada hacia 1240, ya en tiempos de Fernando III, remató las bóvedas, el cimborrio y los paños altos con arenisca rojiza. El resultado es una fachada que cambia de color a media altura: abajo el maestro que empezó, arriba el que tuvo que terminar.

La planta mide unos 47 metros de largo por 34 de ancho y repite, en versión abreviada, el esquema de la catedral de Zamora: cruz latina, tres naves de tres tramos —una menos que la catedral—, crucero marcado y tres ábsides. La nave central se cubre con bóveda de cañón apuntado reforzada por arcos fajones; las laterales no mantienen la misma solución de principio a fin, señal de que el proyecto se fue corrigiendo sobre la marcha. En los capiteles aparece el repertorio habitual del románico tardío, con algún episodio reconocible como Daniel entre los leones.

El cimborrio que aprendió de Zamora

Sobre el crucero se alza el cimborrio: el cuerpo elevado que se levanta en el cruce de las naves para meter luz en el centro del templo. El de Toro tiene planta de dieciséis lados y descansa sobre pechinas, los triángulos curvos que resuelven el paso de la planta cuadrada del crucero al círculo del tambor. Alrededor, torrecillas cónicas en las esquinas; en los brazos del crucero, dos rosetones.

No es una invención toresana. Es el tercer miembro de una familia: el cimborrio de la catedral de Zamora, levantado en el último cuarto del siglo XII, enseñó la lección; la Torre del Gallo de la Catedral Vieja de Salamanca y este de Toro la repitieron con acento propio. Los historiadores llaman a ese conjunto el grupo del Duero. Toro es el más geometrizante de los tres, el que ya ha olvidado los prototipos franceses que estaban detrás de Zamora y ha empezado a incorporar el gusto por la trama menuda que la zona asociará luego al mudéjar. También es el que resuelve las pechinas con menos gracia: la ambición del taller iba por delante de su oficio.

Cimborrio de la colegiata de Toro
El cimborrio de Toro, tercer miembro del grupo del Duero junto a Zamora y Salamanca. Foto: Borjaanimal, Wikimedia Commons, CC BY-SA.

Cien figuras y un pintor con nombre

La portada de la Majestad ocupa el hastial de poniente y se labró en arenisca de Aldeanueva, ya en el último cuarto del siglo XIII, bajo Sancho IV. Fue lo último que se hizo y es lo mejor que hay.

Siete arquivoltas —los arcos concéntricos que enmarcan el vano, encajados uno dentro de otro— despliegan un censo del cielo: ángeles con candelabros e incensarios en la primera, apóstoles y reyes en la segunda, mártires con los instrumentos de su suplicio en la tercera, confesores en la cuarta, santas en la quinta, dieciocho músicos con sus instrumentos en la sexta y, en la séptima, el Juicio Final, con la resurrección de los muertos, los bienaventurados, los condenados y —detalle poco frecuente— una representación del Purgatorio. En el tímpano, el espacio semicircular que corona la puerta, la Coronación de la Virgen, ordenada en torno a un eje de simetría perfecto. Abajo, en el parteluz y el dintel, el ciclo mariano; y en el zócalo, decoración geométrica y vegetal de aire mudéjar.

Portada de la Majestad de la colegiata de Toro
La portada de la Majestad, con la policromía medieval recuperada bajo los repintes. Foto: José Luis Filpo Cabana, Wikimedia Commons, CC BY.

La policromía se aplicó poco después, y quien la hizo dejó firma. Una inscripción en el dintel dice: «Este lauor pinto Domingo Pérez criado del Rey Don Sancho». Un pintor de la casa real, no un anónimo de taller. Sobre su trabajo se superpusieron después media docena de repintes —hacia 1408, en 1506, 1547, 1566, 1772 y otro más en el siglo XIX—, cada uno con la paleta de su época, hasta que las restauraciones de 1987-1989 y 1995-1996 fueron levantándolos capa a capa para devolver a la vista el estrato medieval. Aquel trabajo lo publicaron en 1996 la Junta de Castilla y León y el World Monuments Fund, y sigue siendo la monografía de referencia.

La madrugada del 25 de noviembre de 1890

Que la portada se salvara no significa que el edificio saliera indemne. En la madrugada del 25 de noviembre de 1890 entraron en la colegiata y se llevaron buena parte de la plata. La pieza mayor era una custodia de farol de unos treinta centímetros, obra del platero local Juan Gago, del primer tercio del siglo XVI: uno de esos objetos de orfebrería renacentista que un cabildo tardaba décadas en pagar y un ladrón se echaba al bolsillo en una noche.

El recorrido posterior es el de tantas piezas españolas del XIX. Francia, Suiza, una subasta, un coleccionista privado. En 1931 el propietario la depositó en el Victoria and Albert Museum de Londres y, a su muerte, la custodia pasó a ser propiedad del museo.

Lo que devolvió Londres

La identificó en 1988 el historiador José Navarro Talegón, cruzando tres pistas: la marca del platero toresano, las armas episcopales de Zamora y las descripciones de los inventarios antiguos. A partir de ahí vinieron diecisiete años de conversaciones entre la diócesis, la administración española y el museo británico, hasta que en 2005 la custodia volvió a Toro mediante un acuerdo de préstamo de larga duración. No se exhibe ya en procesión: está en la sacristía, por conservación y por seguridad. En 2025 viajó otra vez a Londres para una campaña de estudio y conservación conjunta, con la previsión de regresar a la colegiata en 2026.

Mientras tanto, el edificio acumulaba su propia lista de reparaciones: los fustes y las basas de la portada norte en 1932, los tejados de los ábsides en 1957 y otra vez en 1999, los doseletes góticos repuestos en 2004. La colegiata había sido declarada Monumento Nacional en 1892, dos años después del robo. La protección legal, aquí como casi siempre, llegó a remolque del daño.

La visita

La colegiata está en la plaza de la Colegiata, en lo alto del casco antiguo de Toro, con el mirador sobre la vega del Duero justo detrás. Se llega por la A-11, la autovía del Duero, que enlaza Tordesillas con Zamora; la ciudad de Zamora queda a unos treinta kilómetros aguas abajo y Valladolid a poco más de sesenta.

La entrada se gestiona a través de Toro Sacro, que reúne cinco iglesias de la villa más el monasterio de Sancti Spiritus. El bono de los cinco monumentos cuesta 6 euros y el completo, con el monasterio incluido, 10; visitar una iglesia suelta sale entre 2 y 4 euros, y hay tarifas reducidas para mayores y grupos de más de veinte personas. La audioguía va incluida, en cinco idiomas. El horario es de martes a domingo: en verano, de 10:30 a 14:00 y de 17:00 a 19:30; en invierno, de 10:00 a 14:00 y de 16:30 a 18:30. Los domingos y festivos la colegiata cierra a mediodía, a las 13:00, y no se venden entradas en los quince minutos previos al cierre. El teléfono de visitas es el 696 131 661.

Dentro, además de la portada, hay que buscar la Virgen de la mosca: una tabla al óleo de 92 por 79 centímetros, fechada entre 1518 y 1525, con una mosca posada en la rodilla de la Virgen que es puro trampantojo y una santa Catalina en primer término cuyos rasgos llevan siglos discutiéndose si son los de Isabel la Católica. La atribución ha pasado por Michel Sittow y por Fernando Gallego —con firma apócrifa de por medio— hasta el consenso actual, que apunta al Maestro de la Santa Sangre.

Virgen de la Mosca de la colegiata de Toro
La Virgen de la Mosca, una de las piezas que completan la visita interior de la colegiata. Foto: Wikimedia Commons.

Para combinar en el mismo día: la catedral de Zamora, treinta kilómetros río abajo, para ver seguidos los dos cimborrios de la misma familia; el monasterio de Moreruela hacia el norte; y, sin salir de Toro, las bodegas de la denominación de origen que lleva el nombre de la villa.

El color que devuelve la escala

Nos hemos acostumbrado a una Edad Media en blanco y negro. La culpa no es de los medievales, sino de la intemperie y de un siglo XIX que decidió que la piedra desnuda era más noble que la piedra pintada y se dedicó a rasparla. Toro desmonta ese prejuicio de un golpe: basta cruzar la puerta de la capilla que la protege para entender que aquellos canteros no trabajaban para el gris, sino para un espectáculo de color que se veía desde el fondo de la plaza y que estaba pensado para gente que no sabía leer. La piedra era el soporte; el mensaje iba en la pintura. Todo lo demás que creemos saber sobre el aspecto de una iglesia medieval está construido sobre una ausencia, y aquí, por un tejado que alguien tuvo el capricho de levantar hace seiscientos años, la ausencia no se produjo.

También en el cuaderno:

Fuentes

  • Ficha de la iglesia colegiata de Santa María la Mayor en el directorio de espacios culturales de la Junta de Castilla y León (declaración de Monumento Nacional, 1892; BIC, 2008).
  • José Navarro Talegón, Restauración de la portada de La Majestad de la Colegiata de Santa María la Mayor de Toro (Zamora), Junta de Castilla y León y World Monuments Fund España, 1996.
  • María Jesús López Montilla, «La Portada de la Majestad de la colegiata de Toro (Zamora)», DJESER. Revista de Arte, Arqueología y Egiptología, 2 (2012).
  • Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Zamora, Fundación Santa María la Real (Románico Digital), ficha de la colegiata de Toro.
  • Toro Sacro, conjunto monumental de Toro: horarios, tarifas y descripción de la portada de la Majestad.
  • Asociación de Guías de Zamora, artículos sobre la portada de la Majestad y sobre la custodia del Corpus robada en 1890.
  • Embajada de España en Londres e Instituto Cervantes de Londres, notas sobre la custodia de Toro y el Victoria and Albert Museum (2025-2026).
  • Elisa Bermejo Martín y bibliografía posterior sobre la atribución de la Virgen de la mosca.

#publi · Para seguir por la comarca y por la portada, dos libros que están en el origen de casi todo lo que se escribe sobre Toro:

  • Enciclopedia del Románico en Zamora (Fundación Santa María la Real)
  • José Navarro Talegón, Restauración de la portada de la Majestad de la Colegiata de Santa María la Mayor de Toro

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