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Convento de Cuenca de Campos: el mudéjar que se viene abajo

Fecha 13 de octubre de 2026
Lectura 11 min de lectura
Sección Mudéjar
Autoría En el Campo Amarillo

Convento de San Bernardino de Siena (Cuenca de Campos, Valladolid): clarisas desde 1458, techumbre mudéjar vendida a Hearst y derrumbes en 2025 y 2026.

Fachada y espadaña del convento de San Bernardino de Siena en Cuenca de Campos, Valladolid, en agosto de 2020

14 de mayo de 1458. Un grupo de monjas clarisas llegadas desde Tordesillas toma posesión del palacio de los Velasco en Cuenca de Campos, en la Tierra de Campos de Valladolid, y lo convierte en el convento de San Bernardino de Siena. La fundación se había decidido en 1455 por testamento de María Fernández de Velasco; la comunidad vivió allí más de cinco siglos, hasta 1967, y el edificio —una iglesia mudéjar de tapial y ladrillo con su clausura— lleva desde 2025 cayéndose por partes: primero una nave lateral y la fachada, después la espadaña, por último las bóvedas de la nave central.

Fachada y espadaña del convento de San Bernardino de Siena en Cuenca de Campos en agosto de 2020
Convento de San Bernardino de Siena, 10 de agosto de 2020, antes de los derrumbes de 2025 y 2026. Fotografía: Rodelar. Fuente: Wikimedia Commons. CC BY-SA 4.0. Sin modificaciones.

Una dama, un palacio y un santo recién estrenado

Cuenca de Campos fue villa de señorío desde que Juan I de Castilla la donó en 1388 a Pedro Fernández de Velasco, su camarero mayor. Los Velasco eran entonces un linaje en ascenso; acabarían siendo condestables de Castilla y, desde 1492, duques de Frías. Sobre el antiguo castillo de la villa levantaron un palacio, y a mediados del siglo XV ese palacio estaba en manos de María Fernández de Velasco.

Doña María hizo lo que hacía la alta nobleza castellana cuando pensaba en la eternidad: fundar. En 1455 cedió la villa a su pariente Pedro Fernández de Velasco, conde de Haro y futuro condestable, y dispuso que las dependencias del palacio se transformaran en monasterio de clarisas, la rama femenina de la familia franciscana. Su testamento lleva fecha de 3 de febrero de 1455; la documentación de la cesión y del consentimiento del conde se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza. Tres años después llegaron las monjas de Santa María la Real de Tordesillas, y la casa quedó constituida.

La advocación tiene su punto de actualidad: Bernardino de Siena, el gran predicador de la reforma franciscana, había sido canonizado en 1450. Cuando se firmó la fundación, el santo llevaba apenas cinco años en los altares. En un pueblo de barro de la meseta, la devoción iba al día.

Tierra apisonada, madera de lazo

La iglesia se levantó en la segunda mitad del siglo XV con los materiales que da la Tierra de Campos, que no tiene piedra: tapial —tierra húmeda apisonada por tongadas dentro de un encofrado de tablones— sobre zócalos de ladrillo, y pilares y arcos de ladrillo apoyados en basamentos de piedra. Es arquitectura mudéjar en sentido estricto: obra de alarifes formados en la tradición constructiva andalusí trabajando para clientes cristianos, con el barro como lenguaje.

Plaza ante el convento de San Bernardino de Siena en Cuenca de Campos, con sus fachadas de tierra y ladrillo
Vista del convento desde la plaza. Diapositiva de fecha no indicada en la ficha de origen, incorporada a Commons en 2013. Fotografía: Cayetano Enríquez / Fundación Joaquín Díaz. Fuente: Wikimedia Commons. CC BY-SA 3.0. Sin modificaciones.

Las medidas que recoge el estudio de Meraz Quintana publicado en 2015 dan idea de la escala. La nave central tiene unos 36 metros de largo, 7,3 de ancho y alrededor de 12 de altura; dos naves laterales más bajas, de unos 8 metros, la flanquean, separadas por pilares y arcos de medio punto. La cabecera es plana y mira a levante, y el presbiterio sube hasta casi 16 metros. A los pies, los dos coros de la clausura —el bajo y el alto— se cerraban al templo con una celosía, la reja tupida que dejaba a las monjas oír la misa sin ser vistas.

Lo mejor estaba arriba. La nave se cubría con una armadura de lazo de par y nudillo de mediados del XV: una techumbre de carpintería en la que los pares, las vigas inclinadas, se traban con un nudillo horizontal y se forran de una red de piezas que componen estrellas y polígonos entrelazados. Es lo que en Castilla se llamó carpintería de lo blanco, y en Tierra de Campos alcanzó una calidad que pocos viajeros sospechan. A comienzos del XVI se añadió el alfarje del sotocoro —un techo plano de vigas y tablazón decorada—, que todavía sigue en su sitio junto con las sillerías de madera de ambos coros.

Al otro lado, la clausura se ordenaba en torno a un claustro casi cuadrado de 37,5 por 35 metros, con patio central de 13 por 16 y dos pisos de galerías; en el alto estaban las celdas, que según algunas estimaciones llegaron a ser veintiséis. Sobre el lado este asomaba una torrecilla cuadrada con veleta, el mirador. El conjunto, huertas incluidas, ocupa más de nueve mil metros cuadrados. Buena parte de esa clausura no es la medieval: el 26 de abril de 1793 se empezó a desmontar el primer convento y la reconstrucción duró dos años.

Yeso sobre la madera

El siglo XVIII hizo con la iglesia lo que hizo con media Castilla: modernizarla. Bajo las armaduras se tendieron bóvedas tabicadas —hechas con ladrillo puesto de plano y yeso, ligeras y rápidas—, se corrieron cornisas y adornos de yesería y la capilla mayor recibió una media naranja con las armas de los fundadores. Las paredes se pintaron al fresco con arquitecturas fingidas, mármoles imitados y figuras devocionales. Cuando el cronista local Andrés Pérez García describió el templo en 1886, vio una parte antigua gótica y una moderna «grecorromana», con los escudos de los Velasco y los Guevara en la cúpula y en las bóvedas del coro alto.

Paradoja: aquellas bóvedas de yeso, pensadas como decoración, se convirtieron con el tiempo en lo que ocultaba la armadura medieval. Y cuando la armadura desapareció, lo que quedó colgando sobre la nave fue precisamente ese yeso.

Diez mil pesetas y un barco a California

El sostén económico de las clarisas eran las rentas que les asignaban sus patronos nobles, y el declive empezó con la desamortización de Mendizábal, cuando esas rentas se perdieron. Desde entonces el convento vivió con estrecheces, y en el siglo XX empezó a vender lo que tenía. En 1925 la armadura principal de la iglesia fue desmontada y vendida a un anticuario de Palencia por diez mil pesetas. En 1930 Arthur Byne, el arquitecto estadounidense afincado en Madrid que surtió de techos, claustros y rejas españolas a los grandes coleccionistas de su país, compró la techumbre del coro alto. Su cliente más voraz era William Randolph Hearst, el magnate de la prensa, y en el castillo que este levantó en San Simeón, California, se identificaron en 2020 fragmentos de esa armadura, montados de forma incompleta.

En la nave quedan las huellas del arranque: los cuadrales —las piezas en ángulo que atan los muros en las esquinas— del hastial oeste y las ménsulas donde descansaban los tirantes. Y queda algo peor: el muro de tapial del flanco norte del coro alto se desploma hacia fuera, un daño que se agravó al retirar la armadura en 1925. Un techo de madera no solo cubre; también ata los muros.

En 1967 las monjas se marcharon al monasterio de Santa Clara de Palencia. Se llevaron casi todo el mobiliario: el retablo mayor, dorado en 1662, y los sepulcros de la fundadora y de Diego de Guevara. La armadura de la llamada sala de las vistas, la habitación del duque, acabó en el Museo Diocesano de Palencia. El edificio vacío pasó a dos hermanos agricultores y sirvió durante décadas de almacén de grano y de maquinaria. Un convento castellano guardando cosecha: el final más habitual y, en cierto modo, el menos cruel, porque un granero al menos se cierra con llave.

Sepulcro de mármol de María Fernández de Velasco en el monasterio de Santa Clara de Palencia
Sepulcro de la fundadora, conservado en Santa Clara de Palencia tras su traslado desde Cuenca de Campos en 1967. Fotografía de octubre de 2016. Fotografía: José Luis Filpo Cabana. Fuente: Wikimedia Commons. CC BY 4.0. Sin modificaciones.

La ruina a plazos

En 2018 la Fundación Rehabitar Tierra de Campos compró la iglesia con apoyo del ayuntamiento, el mismo año en que se hundieron las bóvedas del coro. Con fondos de la Diputación de Valladolid y de la Junta se consolidaron las cubiertas de la nave central y, en 2020, la cúpula del presbiterio con sus yeserías. Hispania Nostra incluyó el conjunto en su Lista Roja del Patrimonio el 11 de octubre de 2023 por riesgo de colapso estructural, fallos de cimentación, humedades y expolio. Su única protección legal es el grado integral que le reconocen las normas urbanísticas municipales; no es Bien de Interés Cultural.

Desde entonces la cronología se lee como un parte de daños. A comienzos de 2025 se derrumbaron la nave lateral sur y la fachada de acceso. El 14 de marzo de 2026 cayó la espadaña, por suerte sobre los escombros del año anterior. A finales de abril cedieron las bóvedas de la nave central. En su respuesta parlamentaria publicada en agosto de 2026, la Consejería de Cultura explicó que había entregado a la fundación un informe de actuaciones urgentes en la primavera de 2025 y que no le consta su ejecución; la fundación, que se sostiene con las cuotas de sus socios, había pedido en 2024 una subvención autonómica que no obtuvo por no cumplir los requisitos de la convocatoria. Cada parte tiene su razón administrativa. El tapial no lee expedientes.

Cómo llegar

Cuenca de Campos está en el noroeste de la provincia de Valladolid, en la carretera VA-905 que une Medina de Rioseco con Villalón de Campos. Desde Valladolid se llega por la N-601, la carretera de León, hasta Medina de Rioseco y desde allí se toma la VA-905 hacia el norte; desde Palencia, por la N-610 hasta Villalón y la VA-905 hacia el sur. El convento no tiene horario de visita y, en su estado actual, conviene verlo desde fuera y no acercarse a los muros; para cualquier consulta, el ayuntamiento atiende en el 983 74 00 11.

El viaje compensa con lo que sigue en pie. La parroquia de los Santos Justo y Pastor guarda artesonados mudéjares de mediados del XVI que dan la medida de lo que se perdió en San Bernardino, y alberga un museo de arte sacro. La torre de la desaparecida ermita de Santa Bárbara funciona como mirador sobre la llanura y tiene colonia de cernícalo primilla. La antigua vía del tren Burra, convertida en camino, une el pueblo con Villalón en unos cinco kilómetros llanos, a pie o en bicicleta. Y para cerrar el día, Medina de Rioseco y sus iglesias, o Palencia, donde las clarisas siguen custodiando los sepulcros que salieron de aquí.

Pórtico de ladrillo y torre de la iglesia de los Santos Justo y Pastor en Cuenca de Campos, Valladolid
Iglesia de los Santos Justo y Pastor, en Cuenca de Campos. Fotografía del 3 de mayo de 2009. Fotografía: Lourdes Cardenal. Fuente: Wikimedia Commons. CC BY-SA 3.0. Sin modificaciones.

Lo que se va sin ruido

Cuenca de Campos no ha perdido su convento de golpe, por una guerra o un incendio, sino por una suma de decisiones razonables tomadas a lo largo de un siglo: vender un techo para pagar deudas, llevarse los retablos al nuevo convento, usar la nave de almacén, aplazar la obra al próximo ejercicio presupuestario. Ninguna fue escandalosa por sí sola. Juntas, han dejado una iglesia sin cubierta en el centro de un pueblo de la meseta.

Esa es la forma más común de desaparición del patrimonio castellano, y la más difícil de contar, porque no tiene un día señalado. El barro, que levantó durante siglos las iglesias más bellas de esta tierra, tiene una sola exigencia: un tejado encima. Mientras lo tenga, dura más que muchas piedras. Cuando lo pierde, vuelve al campo del que salió.

También en el cuaderno:

Fuentes

  • Hispania Nostra, Lista Roja del Patrimonio: ficha «Monasterio de las Claras de San Bernardino de Siena» (inclusión de 11 de octubre de 2023).
  • Meraz Quintana, L.: «Documentación del ex convento de San Bernardino en Cuenca de Campos, Valladolid», en Arquitectura en tierra. Patrimonio cultural. XII CIATTI, Universidad de Valladolid, 2015, pp. 85-96.
  • Pérez García, Andrés: El libro de Cuenca de Campos: apuntes geográfico-históricos acerca de dicha villa, Villalón de Campos, 1886, pp. 56-67.
  • Pérez Martín, S.: Carpintería de lo blanco en Valladolid, Junta de Castilla y León, 2018, pp. 197-199.
  • Cortes de Castilla y León: respuesta de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte a la pregunta PE/000015, BOCCL n.º 26, 5 de agosto de 2026.
  • Estaire Cabañas, Óscar: «Alertan del colapso inminente de un convento de Valladolid tras el derrumbe de su espadaña», El Español, 16 de marzo de 2026.
  • Santín, Marta: «El convento de Cuenca de Campos (Valladolid) se desmorona tras años de abandono y alertas ignoradas», El Confidencial Digital, 2 de mayo de 2026.
  • Wikipedia en español, «Convento de San Bernardino de Siena (Cuenca de Campos)», como punto de partida y cotejo de fechas.

Para entender la carpintería y el ladrillo que levantaron San Bernardino, el manual de referencia es Arquitectura mudéjar, de Rafael López Guzmán (Cátedra).

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